30 abril 2014

CUANDO SUEÑO SE QUE ESTAS A MI LADO

Mi oración favorita eres Tu.
Mi despertar cada mañana eres Tu.
Mi primer saludo eres Tu.
Mi primer dolor eres Tu.
Mi primer alimento eres Tu
Mi primer ad-viento eres Tu.
Si salgo lo hago contigo.
Si regreso estoy contigo.
Si todo lo hago contigo
por que me abrumas de tristeza
de penas y de dolor?.
Cada momento que vivo pienso en Ti.
Cada recuerdo en mi mente estas Tu.
Cada noche estas conmigo.
Cuando cierro mis ojos te veo.
Cuando sueño se que estas a mi lado.
Porque Tu estas junto a mi
a mi costado dándome pautas
de tras mio cuidándome del mal
y adelante de mi allanando mi camino.
Aunque cierre mis ojos estarás conmigo
y no habrá cerrojos porque tu morada
sera mi campo y mi arbolada.
Mi frió sera tu calor
y mi recuerdo tu amor.

29 abril 2014

CUENTO ERÓTICO III


Cuento erótico III -  Editorial
 
  
Frase de la semana
"No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió."
-Gabriel García Márquez
…Y reflexionó que estaba otra vez enredada en las palabras (Las palabras ocultas en la inteligencia), como en otra tela enmarañada, y que ésta era la más difícil de desenredar. La mujer la contempló un rato, deteniéndose, y dijo sí de la manera que Luna ya sabía, aunque quizás asentía a algo distinto, y continuaron caminando (Ciudades virtuales - Relaciones virtuales).
Se acercaban a un biombo que estaba en mitad de la carpa. El biombo crecía de manera sorprendente a medida que ellas se acercaban (Las diferentes percepciones), y cuando estuvieron enfrente era tan grande como la carpa, como el desierto, y llegaba hasta el cielo tal vez, pero no tanto, porque miró a la mujer y ésta dijo:
-Votre regard me trouble -y se tapó la cara con una parte de la túnica, descubriéndose de nuevo; Luna entonces quiso golpear su puño contra el biombo, tratando de romperlo (El deseo de la seducción) pero la dama, recuperada de su turbación, hizo ademán de abrir una ventana y, efectivamente, una ventana se abrió mientras decía:
-Yo soy aquí la que rasga los velos (La Mujer y el Nuevo Paradigma Femenino) -y del techo de adentro del biombo colgaban figuras que Luna pudo ver.
No colgaban del cielo sino de algunos metros hacia arriba, hasta donde los ojos le permitían distinguir, e iban descendiendo hacia el piso como visiones que se acumulaban y se tocaban, una sobre la otra y una al lado de otra.
En esta ocasión encontró hombres además de mujeres, pero hombres que estaban tan absortos, tan concentrados en lo que hacían, que parecía imposible que alguno saliera por un rato de su ensimismamiento y llegara a mirarla.
“No importa”, pensó Luna, “haré de espía o de voyeur“.
Estaban vestidos de una manera bastante anticuada, y sus parejas eran mujeres vestidas de ese mismo modo.
Cada pareja flotaba en un espacio único, particular y solitario, adentro del conjunto.
(Continúe leyendo este artículo y deje su opinión en nuestro Blog Editorial)
Por Mora Torres.
 

 

ME DESPIDO Y NO VIAJO



Me despido y no viajo.
Puede ser me vea sonriente
aunque no acostumbro a reírme
de la muerte.
Me voy sin voltear la cara.
No se ve bien quedar atrás.
Sin embargo estoy seguro
que detrás de mi habrá uno mas.
El adiós esta mal dicho.
Lo que se debe decir es "voy con Dios".
Ahora que se mira en gris
y las pupilas se poblan.
Ahora que de pronto
no te ríes y recuerdas mas.
Creo que comenzamos
a vivir de mas.
Me despido y no me voy.
Siento ganas de alejarme.
Me tienta tanto el andar
y no se a donde .
Mañana no es otro día.
Mañana estaré acá.
Le daré gracias a Dios
por su amor y terquedad.
Mañana no es hasta pronto.
No viajo y me despido,
estoy andando no mas.

28 abril 2014




Mujer exquisita por Gabriel García Marquez

10 de Julio de 2012 a la(s) 7:09
Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.
Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo… es aquella que con tan solo una sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño por hacer felices a los demás.
Una mujer exquisita no es la más ardiente, sino la que vibra al hacer al amor solamente con el hombre que ama.
Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada por ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un hombre,un hombre exquisito es aquel que valora una mujer así.

NO MIENTO PERO NO ESTOY


Estoy estoico.
Me envuelve la tarde
y el regreso de mi mismo.
Estoy tal vez pensando
o quiza desenredando
una razon para amar.
Ahora que no busco nada
encuentro todo.
La sola fecha me aturde
y transfiero al horizonte
mis horas y mi no estar.
No razono sobre mi momento.
Me cubre la ociocidad.
Desespero un momento
y vuelvo a andar.
Mañana? o seguramente nunca.
Toodo se desperdicia
hasta lentamente
el pensamiento.
No miento pero no estoy.

27 abril 2014

DÉJAME BUSCARTE

                                                                                             
                                                                                  Es hora de sonreír
                                           
                                            y desvestir ilusiones


Hora de buscar nubes

y compartir amor.

Mientras tu quedas

paralizado.

Aun hay mucho

 que recorrer.


Aun siento mi desnudez

y veo poco a poco

tu partida

y cada minuto es espera

y cada espera eres tu.

Ahora lentamente

tus ojos se tornan suaves.

Cada mirada no refleja nada,

pero guarda el atardecer

de tu voz.

Déjame buscarte.

Tal vez lentamente

puedo tener noticias y

comprobar los días

aniquilados.

Podemos hablar claro

aunque jamas estés.





Cuento erótico III

…Y reflexionó que estaba otra vez enredada en las palabras (Las palabras ocultas en la inteligencia), como en otra tela enmarañada, y que ésta era la más difícil de desenredar. La mujer la contempló un rato, deteniéndose, y dijo sí de la manera que Luna ya sabía, aunque quizás asentía a algo distinto, y continuaron caminando (Ciudades virtuales - Relaciones virtuales).
Se acercaban a un biombo que estaba en mitad de la carpa. El biombo crecía de manera sorprendente a medida que ellas se acercaban (Las diferentes percepciones), y cuando estuvieron enfrente era tan grande como la carpa, como el desierto, y llegaba hasta el cielo tal vez, pero no tanto, porque miró a la mujer y ésta dijo:
-Votre regard me trouble -y se tapó la cara con una parte de la túnica, descubriéndose de nuevo; Luna entonces quiso golpear su puño contra el biombo, tratando de romperlo (El deseo de la seducción) pero la dama, recuperada de su turbación, hizo ademán de abrir una ventana y, efectivamente, una ventana se abrió mientras decía:
-Yo soy aquí la que rasga los velos (La Mujer y el Nuevo Paradigma Femenino) -y del techo de adentro del biombo colgaban figuras que Luna pudo ver.
No colgaban del cielo sino de algunos metros hacia arriba, hasta donde los ojos le permitían distinguir, e iban descendiendo hacia el piso como visiones que se acumulaban y se tocaban, una sobre la otra y una al lado de otra.
En esta ocasión encontró hombres además de mujeres, pero hombres que estaban tan absortos, tan concentrados en lo que hacían, que parecía imposible que alguno saliera por un rato de su ensimismamiento y llegara a mirarla.
“No importa”, pensó Luna, “haré de espía o de voyeur“.
Estaban vestidos de una manera bastante anticuada, y sus parejas eran mujeres vestidas de ese mismo modo.
Cada pareja flotaba en un espacio único, particular y solitario, adentro del conjunto.

Aquí la voluptuosidad era mayor que en ninguna otra parte, porque estaba en las actitudes contenidas y en las conversaciones calmas que sostenían los amantes.
De igual modo, sus ojos se habían abierto para ver en detalle cada escena, que era un cuadro antiguo y recatado, y alcanzaba a vislumbrar el nacimiento de cada gesto. Sabía que, en tanta contención, algo decían demasiado carnal, algo que saturaba el lugar donde estaban las parejas con un líquido rojo, por momentos morado.
¡Aquel reborde rojo de las postales viejas!
En una esquina avistó a un caballero de etiqueta, con una espléndida pechera bordada y traje negro, que sostenía una botella de champán inclinándola hacia la copa de su compañera que lo miraba -y se miraban- con un sonreír lleno de esperanzas.
Estudió con cuidado la posición de la pareja y supo, como viendo al trasluz, que era la esperanza del placer lo que los inquietaba, aunque estaban inmóviles, y el champán continuaba cayendo sobre la copa sin rebasarla nunca, a pesar de que Luna podría jurar que se había detenido por siglos a mirarlos, y ellos no cambiaban de actitud, ni la joven tomaba de la copa.
-Cela commence par un verre de champagne et l’on est encore moqueuse -dijo la compañera de Luna, desde atrás.
Luna ya había comprendido gran parte de lo que estaba sucediendo, y aun de las palabras misteriosas que iba diciendo la mujer y que ella misma, a veces, había pronunciado, pero no lograba descifrar por qué su bella acompañante se expresaba de tanto en tanto en francés. “Lo estudié cuando era muy chica, apenas si lo entiendo”, pensó, y siguió examinando lo de adentro del biombo (Historia de Francia).
Otro caballero, muy similar al anterior, daba y casi no daba un beso en el cuello, sosteniéndola por la cintura, a una jovencita que aparecía de frente, que estaba más interesada en colocarse una camelia entre los pechos. Al lado de esta escena, tocándola con una nube, otra señorita se había sentado en un banco de piedra, en el aire, y en el banco había rosas de todos los colores, y atrás un árbol de cuya raíz nacían otras flores, y en lo lejano, en un volar, alguien se aproximaba con un ramo de lilas. La señorita tenía una trenza de oro, y a pesar de que miraba hacia delante, su sonrisa sabía quién se estaba acercando, y quien se acercaba sabía a su vez que ella lo sabía, y todo esto, que no terminaba nunca de pasar, el aproximarse que no se aproximaba, prometía gloriosos desenlaces.
Vio mucho más, cada imagen distinta pero en un modo de suceder muy parecido. Todo lo quieto era en realidad su propio deseo que seguía, y continuaba atenta a las parejas, como si, si sucediera que alguna de ellas realizara su unión, ella obtendría también ese goce.
Pero en un soplo vio a la mujer en el momento en que, levantando sus brazos, mostraba sus aureolas ardientes maquilladas y exponía su orden.
Luna advirtió que las figuras caían en torrentes, como una cascada, sobre el piso de la carpa -el que quedaba por detrás del biombo-, que se había convertido en pantano, y empezaban un lentísimo ahogarse, y miró asombrada a la mujer, que sonreía con su mayor misterio (Las imágenes de la Muerte):
-Amar es hacer pacto con el dolor -dijo, y la empujó un poco más hacia la ventana, para que viera bien. Ella observó que los rostros de las figuras eran los mismos, alegres como antes, pero vio en ellos un nuevo resplandor, algo que los sacaba de lo abstracto.
En cuanto consiguió experimentar lo mismo que cada una de las figuras, lo supo. El barro del pantano era el abrazo más sensual y, junto con la muerte, aquellos personajes recibían su primera caricia. Sintió el barro, el pantano, lo suave, entre las piernas, hasta que la mujer hizo otro gesto con su brazo, un gesto que retumbó en el desierto y lo apagó, y el pantano con las cabezas que se hundían se hizo un mar tormentoso, con pájaros que lo sobrevolaban que eran albatros y gaviotas y, en el horizonte, un velero que quzás era Luna.
-Acá o lejos de acá, en la tormenta, tendrás siempre mi alma -declaró la mujer y levantó su brazo en un movimiento tan preciso que con el mismo ademán ordenó la tormenta y transformó el mar nuevamente en el piso de la carpa, e hizo polvo el biombo y estrechó finalmente a Luna en un abrazo de verdad, en un abrazo en que Luna sentía su perfume en el vientre, por adentro, y empezaba a vibrar sin tocarse, sin que ella la tocara, sintiendo el piso tibio de la carpa, hasta que al fin llegó -y la otra orilla del placer era la calma más ingenua- y se quedó tendida con la cabeza de la mujer entre sus manos, hasta que notó que la cabeza desaparecía, que la mujer se deshacía completamente, y que sólo se quedaba con algo de sus cabellos entre los dedos.
Percibió lo caliente de las baldosas de su patio en la espalda, y se miró las manos y no tenían entrelazado ni un cabello, no había traído la rosa que probaba que había atravesado el paraíso, o el infierno. El calor se lanzó otra vez sobre ella en aquel patio hirviente.
Nada había cambiado, ni las estrellas ni las sombras ni la luz que venía de adentro de la casa, y parecía ser la misma hora de antes de abandonar el patio.
Entró y encontró sobre la mesa el álbum de las viejas postales, abierto en la última hoja que había estado mirando.
Su compañera del desierto amenazaba salirse de la estampa mientras decía:
-Toma mi pensamiento de este ramo -y extendía un manojo de alverjillas.
Luna terminó de hojear el álbum hasta el final; había algunas postales escritas en francés, y otra era simplemente un mar en calma que mandaba “recuerdos de tu amiga Gertrudis”.
Envío
Una flor amarilla para Gabo, que murió el jueves santo, el mismo día que Úrsula Iguarán.
Una respuesta para alguien: somos, en verdad, maniquíes, en cuerpo y alma.
Muchos abrazos

Mora

24 abril 2014

POESÍA SÓRDIDA...ANTIPATICA



Tenia que acercarme.
Solamente así
podría verte.
Abarrotada de ilusiones
tontas sentenciadas a muerte.
No supe jamas
que me quisiste.
Al parecer estaba obsesionado
con la muerte.
Y caminando por los caminos

de esta perra vida
encontré mucho amor
en la sangre regada
que casi siempre
queda olvidada.
Retome mi distancia.
Aniquilado me sentía.
Mientras tu presentías
cerrado mi camino.
Donde estabas?
o solamente fue una intuición
malévola
No me da la gana regresar.
La poesía me sabe insensata
a veces sórdida
y por lo general antipática.

23 abril 2014

DEJE DE SOÑAR CONTIGO

Deje de soñar contigo.
Mis sueños ahora
son mas tranquilos.

Deje de soñar contigo
y aunque no me creas
no siento frio.
Deje de soñar contigo.
Quedo atrás la falsa ilusión
de creer que sin ti moriría.
Ahora que no te siento
que no te veo
ni me arrepiento,
me siento dueño del cielo,
de las estrellas y el viento.
Ahora que no te sueño
mi moral la tengo en alto.
Rio, escribo y canto.
Deje de soñar contigo
y no necesito abrigo.

21 abril 2014

MI LOGICA O LA RAZON CONGELADA


Mi lógica esta lesionada.
Hoy desperté así
y busque los motivos 
pero en vano.
Me puse a escudriñar mis caminos
 y todos vacíos de ti.
Puse mis manos al cielo
mi fe la quise expresar



pero no se encontraba aun.
Me desespere
y espere tanto
hasta que apareció nieve.
Forme copos y los repartí
a cada hombre sin razón
lamentable mente no alcanzaron.
Mire atrás y tampoco estabas.
Mire a mi costado
y reclinada sobre hielo
halle la razón.

20 abril 2014

CADA DIA ES UNA NUEVA DISTANCIA

Me quede fuera pensando.
Me hice mas simple
y solo tu lo notaste.
Me hice mas firme
y solo tu lo notaste.
Me hice mas dolor
y nadie ni tu lo noto.
Cada día es una nueva distancia.
Cada vez que me doy cuenta
no estas.
Cada canto es un grito
a la esperanza.
Es un quiero tu amor.
Contigo aprendo mas
y me siento infinito.
Forjarme como la luz.
Abraza mis llagas
y confunde me en tu fuerza.
No me dejes.
No cierres tu puerta.

15 abril 2014

INVÍTAME A BEBER DE TU AGUA VIVA



Alejarme de lo mas preciado.
No dudes ni medites nada
porque mi deseo esta consumado.
Llévame al borde de la muerte
allí donde habita la tristeza
y la desesperación no existe.
Quiero visitar la casa,
la casa de todos 
y no esta en venta.
Poblame de voces tiernas
y de manos encantadoras.
Invítame a beber
el agua viva que rodea 
los jardines de marfil.
Dame la mas humilde habitación
donde pueda reclinar mi verso.
Antes de dormir
necesito un abrazo sincero
y un beso inocente.
Mañana no existirá lo que escribo
solamente estará el huerto universal
de la verdadera vida.

14 abril 2014

CUENTO "EL VIEJO LIBRERO" DE ALEJO URDANETA

EL VIEJO LIBRERO
                                                                                                                                     
            Visitaba el bibliófilo frecuentemente al librero de viejos ejemplares y cachivaches de antaño. Memorias con olor a papel amarillo por obra del tiempo, la pureza de las historias almacenadas en libros ya descoloridos. Y cuadros de pintura, relojes detenidos. Anécdota y humedad.
            Debajo de un puente en el centro de la ciudad tenía el negociante la venta multicolor. Era un lugar conveniente porque por allí pasaba mucha gente. Un espacio bullicioso al que sólo llegaba el silencio en la noche. Y aun así, el amigo librero aseguraba que después de anochecer se escuchaban voces de personajes de la historia y de las letras universales. Lo decía en un tono bajo, enigmático.
            Aquel curioso visitante de la librería callejera sostenía con el dueño largas charlas, mientras hojeaba libros y escrutaba pinturas de artistas famosos. Siempre descubría algo bueno y lo pagaba con placer. Parecía que alrededor de los anaqueles sobre el mobiliario, dispuestos en orden y protegidos por la estructura del puente, viviese algo irrecuperable, y el librero lo sabía. Tenía su clientela perseverante que le pedía buscar alguna obra literaria perdida, algún álbum de música en discos ya vencidos por el uso. De todo podía hallarse entre esos muebles maltrechos pero iluminados por tanta belleza secreta.
            Y el día de Navidad, cuando fue a la venta para dejar un saludo y beber una copa de vino con su amigo, recibió de su boca la noticia: había decidido retirarse del negocio y lo ofrecía en carteles fijados en la pared del puente. Se vendía a un precio justo, dada la calidad de los libros y objetos de valor que exhibía. Hubo ofertas en los días de diciembre, y pasó el tiempo de adviento y regresó enero.
            Enero luminoso y la ciudad tranquila después de la locura de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Poca gente transitaba por la avenida que pasaba debajo del puente. El suave viento del primer mes y el frescor claro de este tiempo, invitaba al paseo por la calle que remontaba hasta el centro financiero y las oficinas públicas.
            “¿Vender mis libros y objetos de arte?  Fue la frase que el asiduo visitante escuchó decir al librero cuando llegó al puente. Le dijo de las ofertas de compra a precios altos, pero él no asentía. Supo el amigo asiduo que ahora el viejo tenía dinero y no necesitaba trabajar;  que un impedimento insuperable había sido la causa del desistimiento de retirarse del negocio de libros y todas las obras que había acumulado en tantos años.  Le dijo en forma terminante que nadie podía valorar el tesoro que se exponía al calor y al frío, al polvo de la vejez y la humedad. Y que esa era su vida.
            Nada podía responder el visitante. Era un argumento irrefutable el que exponía el vendedor de antigüedades;  y el otro lo comprendía. Bastaba recorrer los pocos metros que tenía el sitio destinado a fondo de comercio. Al borde de la algarabía de la calle, el silencio de la librería es expectante. Buen negociante, conoce el lugar de cada libro, y algo más: sabe de la fecha de la edición que tiene en venta. Sabe también que aquel cuadro con una pintura de Pascual Navarro había paseado por bares y cafés del Este de la ciudad, y que su valor de cambio de antes, irrisorio por su cortedad, tiene ahora un precio multiplicado por la nostalgia.
            El vendedor prefiere los libros de viaje, algo que choca con su propia vida, estancada en ese lugar desde que era joven. No sé cuáles serán sus sentimientos o emociones cuando alguien le habla de los paisajes de Hungría, o de Francia, del azul cielo de España. Si alguien le dice de los monumentos del tiempo el librero se anima, se levanta de su taburete cojo, va a uno de los estantes y saca un libro de historias de aventuras con dibujos de las naves de Colón.
            Hay palabras e imágenes que encantan; en ellas se oculta la poesía que el viejo librero remueve al verlas de nuevo, siempre con ojos de sorpresa. Me mostró sus tesoros y no encontraba la manera de decirme su duda. Por fin pronunció aquellas palabras que todavía recuerdo cuando paso por la avenida y llego al puente, ahora desalojado por una orden del Municipio: “Usted ha visto mundo, ha palpado las costumbres y hasta los rasgos de otras razas. En cambio, el mundo mío lo he construido a solas…” Era cierto. El viejo robaba de sus libros y objetos de antaño vidas vividas, palpaba en el lomo de las ediciones in-octavo la fragancia que el tiempo depositó, su mirada quedaba detenida en pinturas de siglos pasados. En su imaginación debían retozar los bailes coloridos en la campiña de Bretaña; y si volvía sus ojos hacia nuestro mundo cercano, el Mar Caribe se encrespaba sobre la playa de piedra franca y grises soles, visto en pequeños lienzos de aficionado, o de maestros caídos en el olvido. Y el viejo no decía de su dolor cuando vendió estampas con paisajes de los llanos o la niebla de la cordillera. Todo eso era suyo y lo había entregado. Sus emociones vibraban todavía en aquel lugar de paso que permaneció por toda una vida, sólo para él.
            La pregunta vino de repente: “¿Prefiere usted sus viajes, o le gustaría tener este palacio del tiempo? Hice un recorrido en el pequeño rincón, para mirar todo aquello que mostraba el mundo de la ilusión, la aventura del hombre. En el momento pude decirle que eran sus libros y joyas antiguas lo que deseaba, porque era verdad que me atraían y me hubiese quedado con toda esa riqueza convertida en sueños. Pero le dije que me inclinaba por los viajes, porque han sido el motivo de mi vida de viajero ambulante.
Sólo añadió: “¡Yo, que no puedo ser joven nunca más!”
            En sus manos sostenía el libro de viajes de Marco Polo, y en las paredes del puente brillaba el color del mundo, en sus tonos innumerables.
            Volví a pasar, poco tiempo después, por el sitio donde estuvo la venta de libros y curiosos objetos. Ya la Municipalidad había desalojado el lugar y destruido los muebles y anaqueles que guardaron por tanto tiempo las reliquias del extraño almacén. Quien pusiese atención quizás escucharía el batir de la espada de Scaramouche, o creería ver en las paredes  cuadros con paisajes remotos que el comerciante de la memoria sólo conoció en su imaginación.
            Del destino de los libros y de tantos objetos valiosos nadie supo. El viejo librero quizás vivirá todavía en otros lugares del mundo, con sus recuerdos, y estarán sus reliquias dispersas y hasta perdidas o destruidas. Pero en cualquier lugar donde estén, nunca tendrán la magia que rodeó el recoleto lugar debajo de un puente en la ruidosa avenida.